sábado, 3 de octubre de 2009

229

Cuando pensar es la asfixia de vivir -pensar y penar se parecen tanto-, pareciera como si hubiera una autonomía última que se perdiese. Un viaje hacia un cuerpo similar, sin conciencia del viaje. Mirarse al espejo en ese momento es ver a otro, es no poder verse a uno mismo, reconocer ahí el ánimo meditativo y no al cuerpo que medita. Ese reflejo de un Otro subsidiario en tiempo y forma es una muestra más de la honestidad del objeto que lo muestra. Si no se es uno mismo en ese momento, ¿por qué se espera una devolución idéntica? ¿Es que lo miramos para ver si lo que cambió en nosotros está ahí escondido, buscándonos?

1 comentario:

Florencia dijo...

Te acordás el otro día va anteayer creo que te dije que estaba media loquita. Bueno acá lo describiste casi exactamente. Y no es la primera vez. cuando te mirás al espejo y no te reconoces claro que si o cuando estas hablando y de pronto no se porque razón te empezás a escuchar y decir (mientras seguís hablando) por q tengo esa voz. Ese exilio involuntario del alma de la materia no tiene una explicación exacta y no le puedo poner el nombre reflexión porque a mi por lo menos me resulta demasiado material (aunq no por eso tangible).
Me pasa por temporadas, a veces por instantes. La sensación de no pertenecer, pero no solamente la sensación sino también no estar perteneciendo también "conciencia"? no para nada es otra cosa, cuando se me ocurra un nombre te lo digo. Y te robo esto para mi "otro" blog.

beso