viernes, 31 de octubre de 2008

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El miedo a dejar de ser uno se deja de lado cuando la autenticidad resulta un fracaso absoluto en el funcionamiento efectivo. Se acude a imposturas, a remiendos para cubrir los huecos que el dolor provoca tras la derrota de lo que mana libremente desde adentro y formaría la personalidad que falla, lo peculiar, lo idóneo. Una vez dado el salto desde lo natural a lo forzado, el miedo es otro. Miedo a ser descubierto. Miedo a tener que dejar de ser otro.

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