sábado, 4 de abril de 2009

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...justo después de ver Persona, y de un tirón.
¿Por qué ser otro en las fotos? Una foto te multiplica, pero por fuera, te separa, mutila de vos una potencial combinación de posturas, e incluso de conductas que podrían tranquilamente haber quedado en tu imaginación o en un relato. Es una imagen con pretenciones de eternización, de no modificación en el tiempo (hablo de la fotografía tal y como fue concebida inicialmente, allende las modificaciones digitales, collages, etc.). Un texto es, en la mayoría de los casos, y a diferencia de una foto, un borrador. Algo a modificar por toda la vida sin que termine de satisfacerte definitivamente jamás. Como la imposibilidad de comprobación de la inmortalidad: como mucho, alguien puede "haber sido inmortal hasta entonces", y, de repente, morir, anular toda la trayectoria. La foto es una ruptura con el fluir incesante. Es darle a alguien la posibilidad de pensarte lejos de tu devenir. Regalarle a alguien la posibilidad cierta de analizarte sin que puedas objetar a sus comentarios que el paso del tiempo ya ha roto ese tu yo pasado, te inhabilita a decir que más allá de la contemplación de tu persona, lo demás es una suerte de mini paleontología. ¿Por qué no me gustan las fotos? Tal vez por exceso de instinto de conservación. No quiero que nada mío se vaya por ahí separado de todo lo demás mío. No me interesa que la presión ejercida sobre un botón determinado se lleve algo que podría haberme dejado. Esa clase de solidaridad no me atrae.

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